El encuentro con la Gorda María.

Aunque todavía estamos en agosto, el verano en el norte de Alemania, ya brilla por su ausencia. Los fuertes vientos, las hojas secas y la temperatura que ha bajado bastante en los últimos días, envían señales de que el otoño ya llegó, sutilmente está ya marcando presencia.

Señales de otoño. Temporada de manzanas a la orilla del río Havel. Hay tantas que se echan a perder. Los dueños de los manzanos, ponen letreritos de que son gratis, que se las lleven; aveces hasta ponen canastas o bolsas llenas, para que no tengan que juntarlas. 


Así que, antes de que haga frío, decidí dar un paseo en bici que desde hace tiempo tenía ganas de realizar: darle la vuelta al lago Tegel, que queda al noroeste de Berlín y que se junta con el río Havel.

La temporada de bañistas ya terminó. Ni un ser humano chapoteando, sólo aves descansando y tomando los últimos rayitos de sol. El lago Tegel.


Según “google maps”, fueron 18 kilómetros recorridos en una hora y pico; sin embargo, el tiempo que hice fué de casi tres horas, ya que mi velocidad no es la más rápida, además de que hice varias pausas para contemplar y fotografiar el paisaje.

450 hectáreas es el lago Tegel, pero las islas ocupan unas 54 hectáreas. El Lago Tegel, es el segundo más grande de Berlín, después de Muegelsee.


Parte del recorrido ya lo conocía, se ve el lago maravilloso. La otra parte, era la que despertaba mi curiosidad: tomar el “ferry” que cruza el río Havel y te lleva a la otra orilla, para pasear y ver el lago desde otra perspectiva; además, quería llegar al bosque Tegel, donde se encuentra el árbol más viejo de Berlín llamado “Dicke Marie”, la gorda María. 

Cruzando el río Havel en el barquito. Tiene un costo de 1 Euro por persona y bici. Dura unos cinco minutos el trayecto: express. También caben autos.


Debo decir que en el bosque sentí un poco de miedo: no había ni un humano cerca, yo, con mi bici, la única visible de los invisibles… ¡ay, nanita! no quisiera invocarlos. Por cierto, siempre que voy a un bosque comprendo porque hay tantas historias, relatos, cuentos y leyendas que suceden en este contexto, uno hace contacto con sus demonios internos o con su luz más profunda, como gusten llamarle, el caso es, que la fantasía explota y uno inventa e imagina hasta lo que no…

El bosque Tegel tiene 2169 hectáreas. No lo recorrí todo, sino la parte que rodea al lago. Hay animalitos silvestres, como venados, pero no ví ninguno…

La Gorda María, un gran roble, tiene casi mil años de edad. 
Altura del árbol: 26 m. 
Diámetro: 210 cm.

Desde el año 1107 ha crecido y permanecido en el bosque, ha sido testigo del crecimiento de la zona, de la peste y de las guerras. Fué nombrado así por Alexander von Humboldt, cuando era niño y andaba jugando en el bosque con su hermanito, lo vieron y les pareció tan bonito e imposante que hasta le pusieron nombre.

Además, dicen que bajo la sombra de este antiguo árbol, estuvo Goethe, sentadito, contemplando la naturaleza y dejándose inspirar por el murmullo del viento. Un lugar mágico, con vibraciones extrañas. Así, lo sentí yo. 

La Gorda María 🙂

Interesante paseo, abriendo temporada otoñal. Valentina y yo 🙂

Paisaje de verano tardío, casi otoño.